La cuyancúa se muestra merodeando por las tierras del municipio Izalco, en el departamento de Sonsonate; donde se encuentra una criatura enorme y pesada de carácter mitológico que se ha arraigado a la cultura popular salvadoreña. Su apariencia es de lo más peculiar y a más de uno habrá matado de un susto voraz, con cuerpo de reptil y cabeza de puerco, deambula por las noches buscando su alimento.

Origen e historia de La Cuyancúa

El origen exacto de la cuyancúa es desconocido, sin embargo, se sabe que procede de las leyendas de la cultura maya; en sus tiempos, Los Mayas, llegaron a abarcar más de trescientos mil kilómetros del continente americano. En especial, las tierras del sur de México, a si como también lo que actualmente es Belice; también, gran parte norteña de Guatemala, Honduras y, por supuesto, El Salvador.

Los mayas llevaron consigo pedazos importantes de sus tradiciones y folklore a lo largo y ancho de su territorio; de este modo, fue traída hasta El Salvador y adoptada por los indígenas de la zona.

Forma de La Cuyancúa

Se cuenta que la Cuyancúa es un ser extraño, ya que, la mitad inferior de su cuerpo es parecido a una culebra; mientras que la parte superior (cabeza) es muy similar a la de un  cerdo. El tamaño especifico de este ser no se conoce, pero se dice que puede llegar a ser igual al tamaño a una vaca pequeña; la cuyancúa aparece por las noches y no se deja ver por los seres humanos. Su chillido particular es similar al de un tunco, los ancianos que aseguran haberlo visto relatan que emite su sonido cuando engrifa su pelaje.

Pese a que muchos dan testimonios que han podido ver a la cuyancúa en los ríos y bosques de El Salvador; ninguna de las afirmaciones sobre los avistamientos de la cuyancúa ha sido confirmada. Pero se ha tomado en consideración para su descripción una imagen de piedra encontrada en Atecozol en Sonsonate, un centro de turismo.

La cuyancúa en la cultura popular salvadoreña

La cultura es definida como el conjunto de costumbres, normas de conducta, prácticas y creencias populares que definen a un pueblo o Estado; la cultura de El Salvador es rica en esta última, quedando demostrada en la diversidad de leyendas. Entre ellas. La Descarnada, El cipitio, La Siguanaba, El Cadejo, solo por mencionar algunos. El gentilicio salvadoreño alberga una serie de creencias y mitos producto de todos los años de aprendizaje de nuestros ancestros indígenas.

Hay un sinfín de historias y criaturas mitológicas que dejan entrever lo mejor de la Cultura Salvadoreña; entre estas se encuentra el de La Cuyancúa, no se sabe con exactitud de dónde nace. Así como se desconoce qué tipo de maldición o cómo fue el cruce, que le otorgó su característico aspecto. Dicha información se habrá desvanecido al pasar de los años y de boca en boca. 

A pesar de todas estas lagunas, la gente parece cómoda y acepta de buena forma la popular historia de la cuyancúa; aunque, es bastante posible que haya sabios ancianos conocedores de los puntos perdidos del cuento.

Poderes otorgados en la leyenda

Cabe mencionar, que el Municipio de Izalco es abiertamente conocido y famoso por sus criaturas mitológicas y seres mágicos; es aquí en donde se abraza con más fuerza la presencia de La Cuyancúa. Cuentan los lugareños que posee el don para predecir o llamar los temporales, y un extraño dominio sobre los riachuelos, ríos y agua en general; también, que en su sitio de descanso se forman hermosas quebradas y brotes, así es como se sabe dónde estuvo.

Incluso, llegando a ser esta una de las razones por la cual, muchos de los habitantes cree, el municipio cuenta con espectaculares vertientes; la cuyancúa está tan adherida a la psiquis de los ciudadanos que si echamos una visita al Centro Turístico de Atecozol, podemos ver una grandiosa estatua elaborada en piedra de La Cuyancúa o Cuyancua. Se halla sobre enormes piedras de río y ofrece una clara imagen de cómo se ve esta criatura.

Anécdotas conocidas de la historia

Los abuelos conocen estas historias mejor que nadie y cuenta que a altas horas de la noche aparece La Cuyancúa; reptando y trepando en los árboles cercanos a los ríos, para ocultarse del ojo humano. Solo de dejaba ver cuando un desafortunado hombre o mujer se acercaba lo suficiente, que el animal decidía salir. Cuentan que quienes osaron mirarla directamente a los ojos entraron en pánico sufriendo un terrible espasmo y cayeron desmayados; despertando al día siguiente para relatar los hechos a sus allegados.

Del mismo modo, nos dice la leyenda que la cuyancúa se arrastra desde el balneario de Atecozol hasta Nahuilingo; haciéndose oír y atemorizando a la población, luego se escurre hasta Río Grande. Donde asusta a las lavanderas y sigue su camino hasta el poblado de SanRamón.