Leyenda de la Flor de Amate

Las tierras de El Salvador son conocidas por guardar mágicas historias, como seres espectrales, criaturas  y mitos aterradores. Pero, ¿habías escuchado antes la Leyenda de la Flor de Amate?

El árbol de Amate y su flor es uno de esos misterios que siguen sin resolverse; Muchos aseguran que tiene poderes, y que la flor que produce esta árbol da grandes riquezas a quien el árbol escoja para dar este regalo, pero, espera, no todo es tan bueno.

Este palo tiene sobre si diversas historias, es por ello que los ancianos de algunos pueblos lo ven con mucho respeto y temor, a tal grado que evitan pasar por debajo de sus ramas.  Y es que algunos aseguran que sus alrededores están encantados.

Origen de la Leyenda de La Flor de Amate

Existe un cuento, no muy difundido en el país contado solo en ciertas zonas, especialmente entre sus ciudadanos de mayor edad, narra el origen de la creencia de que el árbol de amate posee flores mágicas.

La historia cuenta que hace muchos años, demasiados como para saberlo con exactitud, un hombre humilde, un campesino echó a andar un día por los senderos del bosque, para regresar a casa de su trabajo en los cultivos de tierra, oficio que su padre le había enseñado desde muy joven y ahora era su rutina.

Todo lo que éste hombre añoraba era tomar un baño, comer algo y descansar hasta el día siguiente para volver al trabajo. Como ese día había hecho un calor infernal, decidió beber agua a las orillas de un manantial que se hallaba a pocos metros del un árbol de amate; Estaba muy cansado, así que se sentó a la sombra del viejo árbol.

Con la espalda al tronco sintió que los párpados se hacían cada vez más pesados, hasta que no pudo más y, sin darse, cuenta el cansancio le ganó. No supo más nada hasta que una tenue brisa en la cara le golpeó; Abrió los ojos y solo vio oscuridad.

Trató de buscar la luna con una ojeada, pero las frondosas hojas del árbol no le permitían ver nada. Excepto, algo extraño que brotaba de la copa. Por un momento, asombrado, pensó que eran flores, pero desde muy niño había aprendido que los amates no florecen.

Siguió mirando y vio que parecían pequeñas luces blancas inmóviles, eran demasiadas. La brisa azotó con más fuerza y varias de estas “luces” cayeron al suelo. El campesino curioso y atemorizado se acercó y tomó unas cuantas en sus manos. Entonces se dio cuenta que en realidad eran flores que, sin poder explicarlo, brillaban tenuemente.

De pronto, escuchó una voz que no pudo distinguir de donde salía, pero que le repetía suavemente que llenara su mochila con las flores blancas, diciendo que eran un regalo. Él, impactado y con mucho miedo, decidió hacerle caso. Llenó  el morral y todas las demás flores en el árbol desaparecieron.

Con las piernas temblorosas pegó una sola carrera hasta llegar a su casa, sin detenerse a más nada. Se fue a dormir sin mencionar nada.

Al día siguiente, creyendo que todo había sido un sueño fue a por su mochila y se dio cuenta de que no había flores, sino una gran cantidad de oro. No pudo comprender nada, pero pensando que la gente lo tomaría por loco decidió ocultar este secreto y enterrar el oro.

El tiempo pasó y el campesino continuó con su vida de manera humilde y nunca usó su oro, ya que lo que ganaba con su trabajo podía obtener las cosas que necesitaba. Incluso ganó tanta salud y fuerza que pudo trabajar por muchos años después de viejo.

Sólo cuando se percató que la muerte se acercaba, decidió relatarle esta vivencia a su única hija. Ella pensó que su padre estaba enloqueciendo, pero éste le dio con gran precisión la dirección donde estaba enterrado el oro. Aún escéptica, fue y para su sorpresa encontró el oro.

Cuando fue a preguntarle a su padre qué quería hacer con todo eso, él le respondió que se lo dejaba todo a ella, y que podía hacer  con ello lo que quisiera. La hija también decidió que no gastaría aquella fortuna. A menos que fuera de extrema necesidad, y consideró que, al igual que su padre, les contaría todo cuando se le avecinara la muerte.

Pero no contaba con que sus hijos morirían primero, vivió sus últimos años con su hermano y sus sobrinos. Sin embargo, a ninguno lo sintió digno de confianza. Por lo que, ambiciosamente, prefirió llevarse el secreto a la tumba.

Se dice, que en algún lugar todavía se encuentra oculto aquél tesoro, que una noche fue el regalo de un campesino a través de las flores de amate.

Puede que algún día alguien lo halle o que permanezca ahí por siempre; De esta historia se desprende la creencia actual de que la flor de amate provee con fortunas y salud a quién sea capaz de recogerla.

La Leyenda de La Flor de amate en la cultura popular salvadoreña

En los distintos departamentos salvadoreños se tiene la creencia de que el árbol de Amate guarda un misterio. Ejemplo de ello, es la popular leyenda de que si una persona se sienta debajo de su copa, la va a salir un ser espectral y le seguirá toda la noche.

Si bien no se conoce con exactitud el porqué se le atribuye poderes relacionados con la magia negra y la brujería, este árbol con su flor ha pasado a formar parte del folklore salvadoreño.

Sin embargo, del sinfín de mitos típicos de El Salvador, aquella de la flor de amate merece ser oída con detenimiento. Incluso, la creencia popular dice que solamente las personas sordomudas e infantes, son los únicos que pueden ver la flor; Y esta misma solo florece pasada la medianoche.

También, que la flor no aparece para todo el mundo, nunca se sabe quién será el elegido ni cómo son seleccionados. Tampoco florece todos los días. La mayoría de las leyendas más conocidas son las relacionadas con el Cipitio y la Ciguanaba, pero esta de la flor de amate ha quedado como símbolo mitológico y cultural del país.

Características de la Flor de Amate

Dicha flor es de un color blanco y hermoso, su textura es tersa y delicada, esto se contradice con la forma adusta del árbol.

El Amate es de tronco enorme y grueso, con unas protuberancias enormes, que se asemejan a un montón de cables enmarañados. Tiene muchas ramas, igualmente de gran grosor y enredadas las unas con las otras. Extendidas hacia afuera de forma tenebrosa, dicen, que como si estuvieran llamando a los espíritus.

El árbol sin embargo, está lleno de hojas verdes, y no bota ni flores ni frutos en ningún momento. Aunque esto no es del todo cierto, ya que en los bosques y selvas, estos árboles liberan una especie de fruta no apta para humanos. Estas traen semillas de otros amates dentro, así que cuando caen en la tierra, se plantan.

Quizás sea su forma tétrica o el hecho de que da una flor de vez en cuando, pero el amate ha sido desde hace años el árbol místico por excelencia. Es más, la flor de amate se ve en usos de magia oscura y hechicería, es más hasta el mismo diablo se relaciona con ella.

Anécdotas de la leyenda de La Flor de Amate

Los adultos mayores cuentan que si te quedas dormido debajo de estos árboles, en especial de noche, se te aparecerá un espanto. Si lo ignoras o no lo detallas, vas a sentir como te arrojan huesos aparentemente humanos. Y si vuelves a ignorar esta señal, se te aparece el diablo y ahí sí tendrás que ver tu mismo cómo sales de ese aprieto.

También dicen que, de ser tu el elegido y ver como se cae una flor de amate debes cogerla rápidamente del suelo, pero usando un pañuelo blanco. La tomas con delicadeza, y formas una cruz con el pañuelo, juntando sus cuatro esquinas. Si no lo haces bien, la flor simplemente se desvanecerá.

Si lo haces como es debido, serás bendecido con riqueza, salud y amor, pero antes tienes que batirte en duelo con Satanás en persona; Aunque no se tiene claro cómo es este tipo de lucha.

Cuentan que de lograrlo, para obtener todos los mágicos poderes de la flor, tienes que ayunar un día entero y a la noche pararse junto al árbol y rezar la oración del justo juez. Si pierdes contra Satanás, tendrás que entregarle tu alma y pues, este se la llevará en cuanto mueras.

De igual forma, se relata que los brujos y brujas recurren secretamente a la flor de amate para cambiar de forma, con ayuda de una oración oscura. Así, pueden transformarse en el animal nocturno que elijan.

Igualmente, aquellos que pretendan practicar algún tipo de magia, pueden hacerlo junto al árbol. No necesariamente magos o maestros de lo oscuro. Tal como señala el Popol Vuh en capítulo primero, todo ser humano tiene dentro de sí la capacidad de hacer magia y usar los recursos místicos  de la naturaleza para hacerlo.

Cómo dato final, es  curioso comentar que el árbol de amate solo crece en las zonas más cálidas de El Salvador.

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